LA DEPRESIÓN
Los psicoanalistas han evocado en numerosas ocasiones el trauma del nacimiento, la experiencia dolorosa en la cual el recién nacido abandona el grato ambiente del cuerpo de la madre para entrar a un medio frío, duro, en el que está solo. Después de esto, el niño guarda durante largo tiempo, oculto en su inconsciente el deseo del seno materno y el deseo de refugiarse nuevamente en el. Está científicamente probado que la puesta en marcha de los eventos neuronales no puede realizarse más que bajo el efecto de una estimulación en el cual toma parte los estímulos como la luz, el frío y el ruido por lo tanto parece esencial hacer sentir al recién nacido el calor de una presencia afectiva desde los primeros momentos. Es por ello que la madre debe tener al recién nacido frecuentemente cerca de ella, los retenes no favorecen la aparición de estos primeros intercambios de ternura absolutamente indispensables. El amamantamiento es la expresión sublime de afecto, lenguaje y de transmisión de emociones en la relación madre – recién nacido. Entre ambos se establece un primer lenguaje, un lenguaje de postura según Spitz, Esta “simbiosis” en la que ambos se necesitan, en la que son imprescindibles es necesaria para dar un buen comienzo psíquico al recién nacido y a la madre un lazo profundo con su hijo. El niño se debilita si se le priva de ésta comunicación; y esto pasa si la madre rechaza a su hijo, si es hostil, rígida y si rehúsa más o menos concientemente su maternidad. Para crecer un niño tiene la necesidad de sentirse amado.
Los psicoanalistas han evocado en numerosas ocasiones el trauma del nacimiento, la experiencia dolorosa en la cual el recién nacido abandona el grato ambiente del cuerpo de la madre para entrar a un medio frío, duro, en el que está solo. Después de esto, el niño guarda durante largo tiempo, oculto en su inconsciente el deseo del seno materno y el deseo de refugiarse nuevamente en el. Está científicamente probado que la puesta en marcha de los eventos neuronales no puede realizarse más que bajo el efecto de una estimulación en el cual toma parte los estímulos como la luz, el frío y el ruido por lo tanto parece esencial hacer sentir al recién nacido el calor de una presencia afectiva desde los primeros momentos. Es por ello que la madre debe tener al recién nacido frecuentemente cerca de ella, los retenes no favorecen la aparición de estos primeros intercambios de ternura absolutamente indispensables. El amamantamiento es la expresión sublime de afecto, lenguaje y de transmisión de emociones en la relación madre – recién nacido. Entre ambos se establece un primer lenguaje, un lenguaje de postura según Spitz, Esta “simbiosis” en la que ambos se necesitan, en la que son imprescindibles es necesaria para dar un buen comienzo psíquico al recién nacido y a la madre un lazo profundo con su hijo. El niño se debilita si se le priva de ésta comunicación; y esto pasa si la madre rechaza a su hijo, si es hostil, rígida y si rehúsa más o menos concientemente su maternidad. Para crecer un niño tiene la necesidad de sentirse amado.


