LA DEPRESIÓN
Los psicoanalistas han evocado en numerosas ocasiones el trauma del nacimiento, la
experiencia dolorosa en la cual el recién nacido abandona el grato ambiente del cuerpo
de la madre para entrar a un medio frío, duro, en el que está solo. Después de esto, el
niño guarda durante largo tiempo, oculto en su inconsciente el deseo del seno materno y
el deseo de refugiarse nuevamente en el.
Está científicamente probado que la puesta en marcha de los eventos neuronales no
puede realizarse más que bajo el efecto de una estimulación en el cual toma parte los
estímulos como la luz, el frío y el ruido por lo tanto parece esencial hacer sentir al
recién nacido el calor de una presencia afectiva desde los primeros momentos.
Es por ello que la madre debe tener al recién nacido frecuentemente cerca de ella, los
retenes no favorecen la aparición de estos primeros intercambios de ternura
absolutamente indispensables.
El amamantamiento es la expresión sublime de afecto, lenguaje y de transmisión de
emociones en la relación madre – recién nacido. Entre ambos se establece un primer
lenguaje, un lenguaje de postura según Spitz, Esta “simbiosis” en la que ambos se
necesitan, en la que son imprescindibles es necesaria para dar un buen comienzo
psíquico al recién nacido y a la madre un lazo profundo con su hijo. El niño se debilita
si se le priva de ésta comunicación; y esto pasa si la madre rechaza a su hijo, si es hostil,
rígida y si rehúsa más o menos concientemente su maternidad. Para crecer un niño tiene
la necesidad de sentirse amado.
martes, 21 de mayo de 2019
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